Era obvio que el lugar al que había llegado no era la capital.
El cielo, oscuro como la noche misma, no dejaba pasar luz alguna. Y así era hasta donde la vista le alcanzaba. Bajo el negro manto, en la lejanía, se alzaban sombríos edificios. Algunos tan altos que parecían fundirse con las nubes de humo que envolvían todo. De entre todos ellos, destacaba uno por por su resplandor, por el brillo en su parte superior, emitiendo una tenue luz dorada que parecía fuese la única en todo el escenario.
La siniestra y gótica ciudad parecía haber sido colocada en medio de la nada. En el centro mismo del vacío. Alan giró su cabeza, hacia derecha e izquierda, pero no había más que una negrura desértica. El paisaje, árido, le recordaba al paraje de viejas factorías, ahora abandonadas, de su querida, y ahora tan lejana, ciudad. El suelo, cubierto de lo que bien podría ser ceniza, hizo que se manchasen sus, hasta el momento, impolutos zapatos.
El silencio reinaba en la escena, interrumpido ocasionalmente por arrullos del viento, que mecían el faldón de su chaqueta.
Tras unos instantes más de duda, Alan dio el primer paso del que habría de ser su camino hacia el centro de esa extraña ciudad, atravesando tan fantasmagórico e inerte extrarradio.
Conforme iba acercándose a su destino, unos murmullos, cada vez más cercanos, comenzaron a ser audibles para Alan.
- Debe ser el viento - pensó.
Siguió caminando, y el rumor fue haciendose más y más perceptible. Contrariamente a lo que cualquier persona hubiese hecho, él continuó, adentrándose cada vez más en lo desconocido. Pronto, empezó a distinguir palabras, envueltas en voces sin rastro alguno de felicidad.
- No hay salvación - se oyó.
- Huye del vacío sin sentimientos.
- Otro condenado más.
Alan, observó entonces de dónde provenían esas palabras. Oscuras figuras desfilaban a su alrededor, con andares pesadumbrados, lentamente. Primero unos pocos, luego decenas de ellos. Eran sombras, sin rostro. Seres etéreos, vagando ante sus ojos, cada vez más cerca.
Un súbito helor se apoderó entonces de Alan, quien, tras salir del estado de parálisis que había invadido su cuerpo, echó a correr en dirección a la ciudad, hasta que hubo atravesado por completo el desértico extrarradio.
Continuará...
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1 comentarios:
¿estaba el infierno? tampoco sería tan malo, digo yo, ¿no?
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