jueves, 5 de marzo de 2009

Capítulo VII

Al oir su nombre, Alan, quien hasta entonces se había mantenido en tensión, sintió cómo un súbito escalofrío recorrió su cuerpo. Hasta ese momento, todos los indicios apuntaban irremediablemente a que él era el hombre que visitaba a Astrid a diario. Un trabajo como el que él desempeñaba, escuchando a la gente, los dibujos, el piano... sin duda se correspondían fidedignamente con su forma de actuar. Sin embargo, en un esfuerzo por autoconvencerse de que no se trataba de él, pensó que podrían ser simples coincidencias. Cosas más raras se han visto.

- Sí, seguro que son concidencias - se decía a sí mismo una y otra vez. Pero ahora, habiendo sido desvelado su nombre, pocos atisbos de escape quedaban restantes.

De pronto, y tras un instante de reflexión y duda, un pequeño resquicio por el que escabullirse se presentó en su cabeza. Cayó en la cuenta de que podría ser que Astrid, viendo que él había intentado dibujarla, hubiese incluido ese elemento del dibujo en la historia. Y acerca del nombre... estaba claro, él se había presentado previamente, con lo que la joven tendría el nombre con el que completar el engaño. Pero, ¿por qué querría ella tomarle el pelo de esa manera?

- ¿Por qué estás haciendo esto? - preguntó Alan.

- ¿Hacer qué? - respondió Astrid.

- Intentar engañarme - dijo él -. Involucrarme en una historia de la que nunca fui partícipe - continuó -. ¿Acaso piensas que soy tan estúpido? Ya sé lo que está ocurriendo aquí.

- ¿Ah, sí? - preguntó ella girando levemente la cabeza, mientras sus ojos seguían fijos en los de Alan -. ¿Y qué es lo que, según tú, sucede? Si puede saberse.

- Es muy sencillo - comenzó Alan -. Viendo que un desconocido, sin mediar palabra alguna y sin presentación previa, te dibujaba, decidiste darle una pequeña lección. Una pequeña broma para burlarte de él, como una pequeña venganza, en respuesta a su descaro. Así pues, como descubriste que dibujaba, decidiste usar eso en tu historia, ya que sería creíble. En cuanto al nombre que has usado en tu engaño, no es de extrañar que sea el mío, Alan, puesto que me presenté antes de que comenzaras a contarme todo.

- ¿Eso crees realmente? - dijo ella de forma suave.

- Sí - respondió él -. Lo creo firmemente, no hay otra explicación posible, y mucho me temo que acabo de desmantelar tu engaño. Pruébame, si no, con argumentos sólidos, que no estoy en lo cierto.

Al oir esto, Astrid negó lenta y suavemente con la cabeza, mientras, bajándola, cerró los ojos y suspiró.

- ¿Ves? - dijo Alan -, te he descubierto. Por un momento, lo llegué a pasar realmente mal. Debo reconocer que eres una excelente mentirosa. O mejor aún, para no causar ofensa, mejor diré una fabulosa inventora de historias. - terminó de decir, mientras recuperaba la sonrisa, aliviado.

- Esperaba no tener que llegar a usar esto - dijo Astrid. De repente, volvió a abrir los ojos, y, levantando su cabeza, clavó su mirada de nuevo en las pupilas de Alan.

- ¿Eh? ¿Usar qué? - preguntó él contrariado, a la par que se borraba su sonrisa.

Entonces Astrid, apartó la rosa que portaba en su mano derecha, dejándola reposar en su regazo, para, acompañando a su mano izquierda, abrir el libro que llevaba con ella. Durante el proceso, Alan pudo, ahora sí, distinguir en la portada el título que antes era ilegible desde más lejos: "Diario". - ¿El libro era un simple diario? Pues vaya. - pensó para sí mismo un tanto sorprendido a la par que decepcionado. Mientras tanto, Astrid pasaba una página tras otra, como buscando una en concreto, hasta que finalmente se detuvo. Sin mediar palabra alguna, y con cara de tristeza, entregó el diario abierto a Alan.

Él, extrañado, lo tomó, y comenzó a leer en silencio. Esto es lo que encontró:

"- Martes, 9 de Marzo.

Hoy ha sido un día como cualquier otro, trabajando en la floristeria. Otro más. Luego vuelta a casa. Se me ha quemado la cena, pero no importa, no tenía demasiada hambre. Después de tocar un rato el piano, ya en la cama, por fin he terminado de leer "Viaje en Barco por Alta Tierra". Pensaba que nunca lo acabaría, es tan largo... Me ha gustado, debo admitirlo.

Sigo teniendo las mismas ideas extrañas que en días anteriores, acerca de mí, del mundo que me rodea. No soy infeliz, ni mucho menos, sin embargo, a veces me pregunto si toda mi vida transcurrirá de este modo. Imagino que sólo serán tonterías mías. Ya se me pasará."


" Miércoles, 10 de Marzo.

Después de mi día de trabajo me ha sucedido algo que ha desterrado de un plumazo todas las absurdas ideas que han ido rondando por mi mente estos últimos días. Hoy ha sido diferente. Esta tarde, han llamado a mi puerta, y no podía imaginar a quién iba a encontrar allí. Una persona totalmente diferente al resto que he conocido a lo largo de mi vida. Me ha pedido que le hablara de mí, de mi vida. Así he hecho, le he relatado mis vivencias, mientras él, atento, escuchaba sin perder detalle. Después hemos charlado de diversos temas, hemos disfrutado juntos de la música... Hacía tiempo que no me sentía tan bien.

Finalmente, nos hemos besado. Ha sido un instante mágico. Como nunca antes había experimentado.

Desgraciadamente, ha tenido que marcharse apresuradamente. No sé si volveré a verlo, pero sí sé que han bastado unas pocas horas con él para darme cuenta de muchas cosas. Al parecer, mi vida no va a ser siempre tan aburrida y sin sentido. Siempre recordaré a ese hombre que cambió mi forma de ver las cosas. Siempre recordaré a Alan."

Cuando Alan terminó de leer esto, sus ojos se abrieron completamente, y su respiración se volvió agitada. No había duda, la historia que Astrid le había contado era real. Todo estaba escrito antes ya incluso de que él se montase en el tren. No había trampa posible. Pero, ¿cómo era posible? Si él no recordaba nada. Sin embargo, sabía que la razón era evidente... estaba claro; Astrid sería una de las incontables personas de las que visitaba y luego olvidaba, una de las que no pintó. En su caso, no porque no mereciese ser recordada, sino por una razón bien distinta, como ya le había contado Astrid.

Miró a la joven, quien no había despegado sus ojos de él mientras leía, y su mirada hacia ella se tornó aguda, como quien acaba de recibir la peor noticia posible. Siguió leyendo.

"- Jueves, 11 de Marzo.

Ha vuelto. Pensé que no sucedería, pero Alan ha vuelto. Pero algo extraño le sucedía, no recordaba nada de mí. Al principio pensé que bromeaba, pero luego me di cuenta de que no era así. No sé qué le ha ocurrido ni por qué, sin embargo, he actuado como si nunca antes lo hubiese visto, adaptandome a la situación. He vuelto a pasar una velada increíble. He vuelto a relatarle mi vida, tal y como me ha pedido. Pero esta vez he sido más breve, quería que tuviesemos más tiempo para otras cosas. Al igual que ayer, ha se ha negado a retratarme. No he comprendo demasiado bien sus razones, pero no he querido insistir. Y si ayer nos besamos, hoy la cosa ha ido más allá. Ha sido todo tan... especial. Él es especial, lo siento. Por desgracia, de nuevo ha tenido que marcharse a toda prisa.

Hace apenas diez minutos que se fue, y ya lo echo de menos. No puedo esperar a mañana para comprobar si volverá. Me duele el corazón de pensar en su ausencia. ¿Será amor? Eso me temo. Sus ojos me decían lo mismo.

Buenas noches, dondequiera que estés."

Alan pasó entonces unas cuantas hojas rápidamente, sin leerlas siquiera.

"- Lunes, 3 de Mayo.

Hoy apenas he gastado unos pocos minutos contándole a Alan mi vida. Creo que me estoy volviendo bastante buena en esto. El resto del día, como siempre, fabuloso."

Pasó unas cuantas hojas más.

"- Martes, 14 de Septiembre.

No puedo creer que Alan sepa tanto de... casi todo. Es como una enciclopedia. Cada día me fascina más. Me ha gustado mucho la música que ha tocado hoy para mí, improvisando. No puedo sacármela de la cabeza."

Siguió avanzando.

"- Viernes, 10 de Diciembre.

No sé cuánto tiempo podré seguir soportando esto. Lo amo con locura. Y él cae enamorado de mí, todos y cada uno de los días como la primera vez, desde la primera visita. Pero no puedo más con esta farsa, esta situación loca y sin sentido me destroza las entrañas día a día. La pena me está consumiendo por dentro, pese a que soy más feliz que nunca antes en mi vida, y él también lo es conmigo, así lo siento. Es una sensación tan extraña... Quizás algún día todo sea normal, o al menos, por ello rezo cada día. No me rendiré."

Finalmente, Alan pasó unas cuantas hojas más hasta llegar a la última entrada del diario, fechada ya en ese mismo año.

"- Jueves, 17 de Febrero.

Hoy mi mundo se ha venido abajo. He descubierto cosas que me sumen en la más profunda de las tristezas. Hoy, por primera vez desde que comenzó a visitarme, Alan no ha venido. En su lugar..."

Aquí Alan pudo leer lo que Astrid ya le había contado. Cómo el hombre que vino en su puesto, le reveló parte del misterio.

Así que, después de todo, su trabajo tenía realmente un nombre, Oyente. ¿Cómo era posible que él mismo no lo supiese? Al igual que este dato, desconocía muchas cosas sobre su labor, demasiadas. No era suficiente con lo que acababa de descubrir. De repente, le asaltaron infinitud de dudas, de preguntas, sumándose a las que ya tenía a diario. Necesitaba respuestas.

Por último, llegó al final de esa última entrada.

"... y tan pronto se ha marchado, he comenzado a llorar. No ya por lo que me ha contado. Tampoco porque, según parece, vaya a morir. Lloro, mientras escribo estas que pueden ser mis últimas líneas, porque nunca volveré a verle a él... Alan".

Esa última "n" de "Alan", borrosa por una lágrima de Astrid sobre la tinta mientras lo escribió, se extendía por el papel, alargándose como un azul río sobre un triste mapa.


Continuará...

2 comentarios:

Shinobu dijo...

Queremos VIII!!

Jorge // Zea dijo...

Cada vez más interesante, sigue dándole con ganas hasta la última palabra, que de aquí puede salir algo grande


YEEE