martes, 3 de marzo de 2009

Capítulo III

Sin pronunciar ni una palabra, mientras mantenía la mirada fija en el rostro de la joven, entró al compartimento, y lentamente se fue sentando en el sillón enfrente de la desconocida. Mientras la contemplaba, se preguntaba quién era ella, de dónde procedía, y lo más inquietante... cómo es posible que tal belleza existiese en ese mundo, cuando ni en sus más maravillosos sueños tuvo una visión similar.

Sin dudarlo, abrió su maletín, sacándo de él una libreta y un lápiz casi gastado. Le gustaba llevarlos siempre con él para plasmar aquellas cosas que verdaderamente mereciese la pena recordar eternamente, y ésta, sin lugar a dudas, era una de ellas para él. Hábilmente, o eso creía, miraba de reojo constantemente a la joven, para, a continuación, volver la vista al papel, donde trazo a trazo, iba tomando forma el dibujo.

En cada recta que esbozaba, en cada curva, esgrimía su lápiz con sutileza, delicadamente, como con miedo a dañar a la contrapartida en papel de la joven que se encontraba frente a él. Cada línea era como una suave caricia.

Absorto en su obra, había pasado por alto que, desde hacía rato, la joven lo miraba fíjamente, como esperando una respuesta por su parte.

- ¿Qué clase de caballero pinta a una dama sin tan siquiera presentarse como es debido? - dijo ella -. Soy Astrid, por si le interesa - apuntó, mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro.

Sorprendido, él levantó la cabeza, volviendo de su mundo de fantasía. Ligeramente avergonzado, se apresuró a esconder el lápiz y pasar de hoja de libreta, evitando así que el dibujo fuese visible.

Una vez recompuesto, sus ojos, fijos ahora en las pupilas de la joven, quedaron inmóviles, mientras, no sin cierta timidez, dijo:

- Mi nombre es... Alan. Es un placer.


Continuará...

P.D.: Gracias a eme por lo que ella ya sabe :)